La familia Okulovich vivió el sueño de alentar a la Selección desde la tribuna
Carlos Okulovich y su familia regresan de Estados Unidos con la valija llena de recuerdos imborrables. Pudieron presenciar dos partidos de la Selección Argentina, compartir una cena con Emiliano «Dibu» Martínez y su familia, y vivir desde adentro el clima único que genera un Mundial.
Hay viajes que se planifican durante meses, pero cuya verdadera dimensión recién se comprende cuando terminan. Así lo vivió Carlos Okulovich, quien junto a su familia emprendió la aventura de seguir a la Selección Argentina en el Mundial y volvió con historias que difícilmente puedan repetirse.
El objetivo era claro: acompañar al equipo de Lionel Scaloni y que los más chicos de la familia pudieran experimentar, por primera vez, la magia de un Mundial. Y el sueño se cumplió con creces.
Los Okulovich estuvieron presentes en los encuentros frente a Egipto y Suiza, dos partidos cargados de emociones que los hicieron pasar del nerviosismo al festejo en cuestión de minutos. «Los chicos ya vivieron más de la cuenta», resumió Carlos entre sonrisas, todavía procesando todo lo que experimentaron durante esos días.
Como cualquier hincha argentino, la familia sufrió cada minuto de los partidos. El primero fue especialmente intenso: la Selección comenzó dos goles abajo y parecía que la ilusión se escapaba. «Era el primer Mundial que venían a ver los chicos y no veían ningún gol. Veníamos perdiendo 2 a 0 y después llegó ese desahogo final espectacular», recordó.
La emoción fue tan grande que modificó por completo los planes del viaje. En principio pensaban regresar tras el primer compromiso, pero decidieron seguir camino hasta Kansas para acompañar al equipo una vez más.
«Llegamos a emprender viaje porque no íbamos a ir al segundo partido, pero fue tanta la emoción que tuvimos que seguir», contó.
La intención era quedarse también para el siguiente encuentro, pero la realidad terminó imponiéndose. La falta de vuelos disponibles y la compleja logística hacían necesario permanecer una semana más en Estados Unidos, algo imposible para la familia.
«Hicimos todo el intento posible para poder quedarnos, pero no había vuelos para volver y se complicó toda la parte logística.»
Una cena que vale un Mundial
Si los partidos ya eran un recuerdo imborrable, hubo un momento que terminó de convertir el viaje en algo extraordinario.
Carlos y su familia tuvieron la posibilidad de compartir una cena con Emiliano «Dibu» Martínez y su familia, una experiencia que difícilmente olviden.
«Tuvimos la posibilidad de conocer al Dibu, ir a cenar con ellos, con la familia. Para los chicos eso va a ser inolvidable, igual que para nosotros los grandes. Justo en esta fecha, en pleno Mundial, compartir una cena fue único.»
A eso se sumaron otros encuentros inesperados, como el que protagonizó con el popular cantante cordobés Carlos «La Mona» Jiménez, entre otros argentinos que también recorrían Estados Unidos siguiendo a la Albiceleste. «Había muchísima gente conocida. Todo el mundo estaba disfrutando del Mundial.»
El regreso… con un ojo puesto en la semifinal
Aunque el deseo era seguir alentando desde la tribuna, los elevados costos y la imposibilidad de reorganizar el viaje hicieron que la familia emprendiera el regreso antes de la semifinal.
Las entradas para el partido frente a Inglaterra, explicó Carlos, eran prácticamente inaccesibles. «Arrancaban en cuatro o cinco mil dólares y de ahí para arriba. Si uno viene solo y ahorró cuatro años, quizás hace el esfuerzo. Pero con toda la familia se hace muy costoso.»
A eso se sumaban hoteles, pasajes y cada gasto extra que implica extender una estadía durante un evento de semejante magnitud.
Por eso, la semifinal tendría un escenario muy distinto. «Vamos a buscar el televisor más grande que haya en el aeropuerto y lo vamos a mirar desde ahí.»
Porque, al final de cuentas, el lugar cambia, pero no la pasión. «Yo creo que sufrir se sufre de la misma manera. Estar en la cancha es diferente, pero esa sensación la padecimos todos.»
La familia Okulovich vuelve a casa con menos días de los que hubiera querido quedarse, pero con recuerdos que durarán toda la vida. Dos partidos, abrazos inolvidables, una cena impensada con uno de los grandes héroes de la Selección y la certeza de haber cumplido un sueño que, especialmente para los chicos, será una historia para contar una y otra vez.
