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Kitty Ponce: una vida dedicada a enseñar que ahora emociona sobre el escenario de la Fiesta del Inmigrante

8 de septiembre, 2026 CULTURA Alejandro Suarez

A sus 85 años, María Amelia “Kitty” Ponce sigue siendo una presencia activa y querida en Oberá. En CUENTAS CLARAS contó como vive estos días a pura emoción.

Docente jubilada, reconocida por su participación en distintas instituciones y por el vínculo que construyó a lo largo de décadas con generaciones de estudiantes, este año recibió una distinción muy especial: ser protagonista del Cuadro Apertura de la 46ª Fiesta Nacional del Inmigrante.

La propuesta la tomó por sorpresa. “Es una distinción que me hicieron. Pensé en mis colegas que podrían haber hecho ese papel, pero me invitaron y después de pensarlo, accedí, aunque tuve pánico”, contó Kitty.

La participación en el escenario mayor significó mucho más que una experiencia artística. Para ella, fue una manera de representar a quienes compartieron su misma vocación y, especialmente, a todos aquellos alumnos y escuelas que marcaron su vida.

“Me acordé de todos mis alumnos y de todas las escuelas. Para hacerlo me dije: voy a salir en nombre de todos mis colegas”, expresó.

Kitty fue docente en Tamanduá, en Los Helechos, y también en Campo Ramón, donde finalmente se jubiló. De aquellos años conserva recuerdos que todavía la emocionan, especialmente de una época en la que enseñar implicaba enfrentar muchas dificultades.

“Recuerdo esos días cuando se daban clases alrededor de un fogón por el frío, y los chicos no faltaban a clases”, recordó.

Esas experiencias forman parte de una trayectoria construida desde el compromiso con la educación y con la comunidad. Y quizás allí también esté una de las claves para entender por qué, a sus 85 años, continúa participando, acompañando y estando presente.

“El secreto para seguir activa es tener el corazón contento, estar siempre predispuesta, no pensar en el tener sino en el querer”, afirmó.

Kitty habla de su vida con una mirada que pone en valor los vínculos construidos. Dice que no tiene familia, pero inmediatamente encuentra otra forma de definir aquello que la acompaña: “Están mis amigos, mis alumnos”.

Por eso, pisar el escenario de la Fiesta Nacional del Inmigrante tiene para ella un significado especial. No se trata solamente de formar parte de uno de los momentos que cada noche da inicio a los espectáculos del escenario mayor, sino de llevar consigo una historia de vida y a muchas de las personas que fueron parte de ella.

Dentro del Cuadro Apertura hay un momento que la sensibiliza especialmente: cuando ofrece la bandera.

“El momento en que ofrezco la bandera es muy importante para mí”, reconoció con emoción.

Así, cada noche, Kitty vuelve a subir al escenario para representar mucho más que un personaje. Lo hace como docente, como mujer comprometida con su comunidad y como una de esas personas que, a través de los años, dejaron una huella profunda en Oberá.

Su presencia en la 46ª Fiesta Nacional del Inmigrante es, en definitiva, un reconocimiento a toda una vida de entrega. Una vida que comenzó entre aulas, escuelas y fogones, y que hoy encuentra un nuevo escenario para seguir transmitiendo aquello que siempre la movilizó: enseñar, compartir y mantener el corazón contento.

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